Primera semana en Uganda y al fin me digno a escribir algo (la falta de tiempo también ha tenido algo que ver). Y como toda primera vez –aunque esta sea mi “segunda primera vez”- un montón de sensaciones se agolpan para darte una cálida bienvenida a base de bofetadas.
La primera, como siempre, Kampala. Ciudad caos donde todo cabe, todo se compra, todo se vende y todo se recupera en una vorágine que se retroalimenta cada dia y en la que lo único que se desecha es la vida de las personas. (Estoy seguro que aquí puede uno comprarse los mismos zapatos tres veces, en tres sitios distintos y luciendo cadavez mas nuevos).
Es increíble ver como a las 5 de la mañana la gente comienza a preparar sus puestecillos –la mayoría habran recogido a las 12 de esa misma noche- sin reparar, si quiera, en la pelea que mantienen dos niños de apenas seis años por poder arroparse con un trozo de cartón.
El problema de Kampala reside en que, mientras que nosotros, los países ricos les occidentalizamos por ojos y oídos, África se encarga de darles bien por el culo. Aquí lo único que vale es el dinero que tienes.
ARUA/ EDIOFE/ YUMBE O EL RETORNO A CASA.
Es increíble ver como cambia todo –y no me refiero sólo al paisaje- a medida que dejas atrás la ciudad. La vida empieza a armonizar con el entorno, aparecen chozas –io- a uno y otro lado de la carretera, en el medio de la sabana… Supongo que volver al norte ha supuesto para mi un alivio, pese a sufrir 12 horas de camino en el Gaaga bus (“Gaaga” es “cuervo” en lugbara, y el nombre le viene que ni pintado al autobús), tras pistas de arena impracticables por las lluvias. Aun me sigo preguntando por qué, si es un autobús nocturno el conductor se empeña en poner la música a todo volumen.
El ver Arua me alegra el corazón; regresar a Ediofe aporta paz de espíritu. Brother Galdino y Father Viaggio hacen que todo sea sencillo, que la cosa fluya, Hacen de cada encuentro un momento mágico. Bro. Galdino transpira inocencia y comprensión. Father Viaggiose acerca a algo parecido a la sabiduría quizás mas espiritual que racional. Ambos comparten la sencillez de la felicidad. En cualquier caso, siempre es agradable mantener una conversación con ellos, aunque sea acerca de la reproducción de las termitas (y sus numerosas aplicaciones culinarias).
Yumbe es otro mundo, Yumbe es plenitud. Merece la pena recorrer 80 km-en tres horas y media- en una pick-up repleta de gente y bartulos, mientras te empapas bajo una lluvia que parece que nunca va a acabar, para llegar a la granja. Bro. Aloysius se relaja y es cuando mejor trabaja.
El hecho de ver todo verde y frondoso –no como hace dos años- y como esta gente ha trabajado duro para conseguir lo que tienen hacen que me sienta orgulloso de conocerles, no sé por qué.
Aquí es donde más he notado la falta de Pablo; me sentía raro al abrir la puerta de su habitación -en la que siguen las cosas que nos olvidamos la ultima vez- y no verle. Lo que más sensación de vacío me produjo fue el subir al coche y no ver a Mohammed, Yabba (“Yabba” significa “viejo” en lugbara) esperando con una sonrisa, con mas ilusión que dientes, un: “Yabba, mi ngone?”. Lo más curioso es que la vieja cinta de música congoleña que tanto le gustaba, que tanto oímos, cantamos y disfrutamos al principioy tanto sufrimos al final, sigue en el radiocasete, sonando una y otra vez. Y es que hace tiempo se quedoatascada yno hay manera de sacarla.
YUMBE-KAMPALA O PREPARANDO KITGUM.
A medida que nos acercamos a Kampala Bro. Aloysius se vuelve mas serio, mas callado hasta llegar a un punto en el que apenas habla, se limita a contestar con un sonido. Yo también me callo. Estoy convencido de que Kampala es un ente que te absorbe la energía de tal forma que solo eres capaz de vagabundear por las calles arrastrando los pies.
Pese a todo, el mercado no deja de ser un mundo fascinante. Es la vida en estado puro. Si Kampala tuviese un corazón, desde luego sería este. La gente no para, compra, vende, grita, esquiva coches y boda-boda, regatea el precio y, por lo general, obtiene una compra satisfactoria. Aquí no hay descanso, solo el olor de la fruta fresca o la mezcla de especias que flota en el ambiente permiten tomarte un respiro.
Saliendo del mercado he pillado a un chaval –no tendría más de 15 años- birlandome la cartera. Ya me había quitado el móvil y ni me había dado cuenta. Al pedirle que me devolviese mis cosas sea negado y he tenido que echar mano de la navaja y amenazarle. De nuevo tengo mi móvil, mi cartera y una sensación muy fea en el estomago. Ser un muzungu a veces no es divertido.
El primer contacto con los americanos –Zach y dos amigos suyos- no me ha dejado una buena sensación. Zach es un tipo serio, pero agradable; un poco cínico… quizás sea demasiado ”todo” para sus 26 años (my God!, se casa en Noviembre): demasiado serio, demasiado responsable, demasiado cínico, demasiado católico, demasiado grande –mide mas de dos metros-… pero un buen tipo, sin duda.
Sus amigos (uno se ha ido ya, el otro va a estar una semana más en Kitgum) me recuerdan demasiado al prototipo de joven americano de las pelis –no dejo de pensar en American pie-, pero es que les viene al pelo. Uno, el que se ha ido, no paró de preguntarme acerca de que tal se me daba preparar burritos, del impacto de Simón Bolivar sobre la sociedad española o de si en España seguía habiendo rey. Lo que menos me gusta de ellos es que ponen nacionalidad a todo (“This indian food”, “that german”, “this nigger”…) ¿Será por que ellos no tienen una cultura propia?.
KITGUM.
El colegio está bien, pero igual no es como me los esperaba. Aquí la gente va muy a su bola. Es verdad que Teddy –la directora dela escuela- está muy liada. Pero de momento, haré un esfuerzo e intentaré integrarme lo más pronto posible.
El lunes empezaré con mis lecciones de ugandan sign lenguage –el interprete me ha dicho que será mejor para mí el empezar desde cero-, para empezar a interactuar con los niños…como se nota que aquí les tienen bien jodidos (no en la escuela, por supuesto, la mayoría a parte de sordos, ciegos o discapacitados físicos, tienen un retraso mental lo que dificulta, mas si cabe, su integración en la sociedad. Es mas, a la gente le cuesta acercarse por aquí, la mayoría de los boda-boda rehúsan y la gente lo ve como un lugar de apestados). Son timidísimos y muy reacios a la gente nueva. También quiero empezar lo antes posible mis lecciones de acholi, para bajar al mercado y tratar de imbuirme un poquillo en la cultura Acholi. La situación por aquí no es para nada fácil, no sólo es la región más pobre de toda Uganda y en la que aun se sufre algún que otro ataque paramilitar, si no que, con la crisis, los precios se han disparado, por ejemplo, tanto el trigo como el azúcar han sufrido un incremento del 100% en el precio, lo que supone una subida a unos 6000 chelines(UGX) el kilo, casi unos 2 euros. Teniendo en cuenta que son alimentos básicos y que aquí el sueldo medio mensual no alcanza los 40 euros...
Por otra parte, quiero empezar mañana mismo con algunas tareas, para ir adelantándome a la vuelta de los chavales. En estos días, a parte de organizarme un poco, preparar un plan de trabajo para estos meses, priorizando objetivos en función de las necesidades y definir una línea de trabajo tanto para la producción de alimento como para las clases que se les va a impartir a los chavales mas mayores (en plan F.P), quiero hacer un inventario de las herramientas que tienen, trazar unos planos del colegio, así como de la finca a comprar, empezar a fabricar compost, esterilizar unos cuantos kilos de tierra para luego poder comparar resultados entre las plantas cultivadas en tierra esterilizada y no esterilizada, fabricar unos cuantos semilleros, clasificar las variedades de las semillas con las que voy a trabajar, talar unos cuantos arboles para poder construir el invernadero y pequeñas cositas de ese tipo. También quiero echar un ojo al trabajo que se está haciendo aquí con el horno para producir pan a pequeña escala, aunque debido a la inflación me temo que lo más rentable va a ser dejarlo (de momento, están fabricando panes muy pequeños y rosquillas tipo donuts, pero a lo africano, esto es, duros como piedras y de unos 70 gr cada uno). Quiero trabajar duro para ganarme la confianza de Teddy, aunque no sé si servirá de mucho, porque se va el martes y se va a tirar 3 semanas fuera…pero prefiero dejarlo hecho…. Se me olvidaba, también quiero aprender a tocar el afufu, un instrumento hecho con una calabaza, un mástil y una cuerda, que se toca con un arco. He localizado uno en la escuela, a ver si alguien me enseña a tocarlo –pena de no poder haber pasado mas tiempo en Ediofe con Kafefe, el me podría haber enseñado bastante bien).
Por el momento eso es todo, espero irme haciendo poco a poco a la vida en el cole, y cuando ya pueda entenderme en acholi, bajar al pueblo. Probablemente mañana o pasado pida a alguien que me acompañe para hacer un tour por Kitgum –queda a tres kilómetros de la escuela- y empezar a valerme por mi mismo.
Hasta aquí la primera crónica.
Me parece una idea genial, cuanto detalle. La primera impresión, es el choque cultural.
ResponderEliminarMe encantan tus primeras desmemorias...
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